Descubriendo el herbario del Museo Regional de Aysén

Después de la residencia en el Refugio Macales, las artesanas de la agrupación viajaron desde Villa Amengual hasta Coyhaique para seguir el camino que habíamos abierto entre el bosque templado y los oficios textiles. Esta vez el destino fue el Museo Regional de Aysén, donde volvimos a encontrarnos con las especies que habíamos estudiado y seleccionado días antes, ahora resguardadas en el herbario del museo.

Bajar al subterráneo del museo —entre puertas corredizas y códigos de alarma— es, por lejos, una de las experiencias más asombrosas que se pueden vivir en Coyhaique. Ahí abajo, en penumbra y silencio, se guarda una parte importante de la memoria de nuestra Patagonia.

Junto a las artesanas amengualinas recorrimos las colecciones naturales, históricas, paleontológicas y arqueológicas del museo. Son estas colecciones, como nos dijo Ángela Morales, Encargada de Desarrollo Institucional del museo, el alma de la institución: lo que sostiene y da sentido a todo lo demás.

Entre esos tesoros encontramos piezas que parecían hablarnos directamente. Vimos la casulla bordada del Padre Antonio Ronchi, quien había bautizado a muchas de las propias artesanas de Villa Amengual presentes ese día, un objeto que de pronto dejó de ser solo una pieza de museo para convertirse en un hilo que las conectaba a su propia historia. También pudimos observar, in situ, las vértebras del dinosaurio Chilesaurus diegosuarezi, y las flores nativas que se conservan prensadas entre los ejemplares del herbario, algunas de ellas las mismas especies que habíamos recolectado y dibujado en la residencia.

Guiadas por Juan Pablo Varela, conservador del Museo Regional de Aysén, nos sumergimos en un verdadero viaje al pasado aysenino, entendiendo cómo la ciencia, la historia y la memoria rural conviven en un mismo espacio, y cómo ese mismo espacio guarda hoy también un poco de lo que las artesanas tejieron con sus manos.

Después del herbario, la jornada continuó con un taller de diseño en base a patrones de la naturaleza, guiado por Alejandra Chaparro. Fue en ese momento cuando cada artesana definió la especie que tejería en su choapino: nos pusimos de acuerdo entre todas para representar de la mejor manera el bosque, reuniendo ocho especies distintas, una por cada artesana. El taller de patrones fue muy útil para explorar cómo traspasar la naturaleza a nuestros diseños textiles, y quedó claro algo que seguiremos descubriendo: existen infinitas formas de hacerlo.

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