Residencia de arte y ecología
A fines de marzo, las Artesanas de la agrupación Flores del Chilco tuvieron la posibilidad de cambiar su rutina y regalarse dos días para vivir una residencia de arte textil y ecología. No picaron leña, no cocinaron, no prepararon tintes, no alimentaron animales, ni se dedicaron a las labores de cuidado. Se conectaron con su creatividad y la amistad que las une en un lugar inspirador a orillas del río Mañihuales: el Refugio Macales.
Vivimos un viaje emocionante al corazón de las flores, árboles y helechos del bosque templado junto a Josefina Hepp de Fundación Chilco. Aprendimos de las flores y su función de ser hermosas para ser polinizadas. Observamos con lupa sus partes: sépalos, pétalos, pistilos y estambres. Aprendimos de las semillas, y cómo se guardan esperando el momento perfecto para germinar. Aprendimos de los chilcos, esas flores tan perfectas y coloridas. También de las nalcas, cómo sus flores color carmín pasan a ser frutos ocres y verdes. Y por qué los nombres científicos son importantes: porque nos entregan pistas de la historia de cada planta.
Caminamos por el bosque junto a Josefina, recolectamos especies y las observamos con calma, guiadas por su mediación.
De vuelta, venía un momento muy esperado por las artesanas, poder presentar las tareas de flores bordadas. Después del encuentro del verano en Villa Amengual, cada una tenía la misión de elegir su flor favorita para bordarla en casa, con total libertad en el uso de colores y puntos. Esa era justamente la idea: que pudieran conectar con los conocimientos profundos que ya tenían de esas flores a través de la práctica textil.
Luego, acompañadas de la diseñadora Alejandra Chaparro, vino el ejercicio de dibujo, donde cada flor recolectada pasó al papel, trazo a trazo, con la misma atención con la que la habíamos observado las especies en el bosque. Y por último, el ejercicio de los pequeños choapinos: un primer acercamiento en miniatura al textil que definimos en el diagnóstico que tejeríamos para esta versión de los Laboratorios Creativos. Ver una flor convertirse en trazo y luego en lana fue parte de la magia del día.
En este recorrido, del bosque al bordado, del dibujo al textil, se generó un doble intercambio de conocimientos: entre Josefina y las artesanas, entre lo científico y lo tradicional, pero también entre las propias integrantes de la agrupación, que fueron descubriendo juntas cosas que no sabían unas de otras.
Todo esto, por supuesto, acompañado de un exquisito almuerzo preparado por el equipo del Refugio Macales. Cerramos el día con un asado a la orilla del río, y nos fuimos a dormir con muchas emociones y experiencias atesoradas.
El segundo día llegaron las artesanas de la Agrupación Raíces de Mañihuales, provenientes de una localidad vecina a Villa Amengual. Con ellas se abrió un encuentro entre dos agrupaciones de mujeres rurales que trabajan de manera tradicional la lana y que mantienen vivos estos oficios.
Conversamos sobre asociatividad: qué significa sostener una agrupación en el tiempo, cómo se organizan, qué les ha ayudado y qué les ha costado. Compartimos con ellas los resultados del mapeo de agrupaciones de artesanas de Aysén que hemos venido realizando desde Pulso Austral, y a partir de ahí surgió una conversación honesta sobre los desafíos que enfrenta hoy la artesanía y las agrupaciones en la región: el recambio generacional, el acceso a materiales, la valorización del oficio, la distancia entre los territorios.
Pero no fue solo trabajo. Tejimos redes entre estas dos agrupaciones, más allá de lo formal: jugamos, nos reímos, nos abrazamos, hablamos desde el corazón. Estar juntas nos hizo bien, sobre todo cuando lo que nos une nos conecta con nuestra historia y con la naturaleza.
Nos fuimos de esta residencia con la sensación de haber sembrado algo importante: un vínculo entre Flores del Chilco y Raíces de Mañihuales que esperamos siga creciendo, inspirándonos además para la gran misión textil que se tejería en otoño.