Una cuenca de saberes en el día de los patrimonios

El último fin de semana de mayo se celebra el Día de los Patrimonios en todo Chile y como Río Simpson Tejido quisimos estar allí. Nos reunimos nuevamente en el Museo Regional de Aysén, el cual se ha convertido en casa para la imaginación y el trazado de la memoria. Nos propusimos generar un espacio que invitara a mirar el Río desde otros lenguajes, a retratar con las manos y las reflexiones, a dejar que sus aguas pasarán por nuestras palabras y gestos. 

Durante esos días instalamos tres estaciones: Río de papel, Mesón textil y un espacio de los deseos para el río. Fue una invitación a detenernos, a mirar el río con otros ojos y, sobre todo, a escucharlo a través de lo que brotaba en nuestras manos y colores. Macarena Silva estuvo a cargo de generar este espacio de reflexión; Marina Avaria y Paula Ojeda acompañaron con atención y alegría la estación del Río de papel, mientras Ginette Acuña guiaba con ternura a quienes se animaron a bordar su vínculo con el río. 

Más de 100 personas pasaron por el espacio. Algunas se quedaron largos ratos, otras solo unos minutos, pero cada presencia sumó una mirada, un gesto, una memoria. 

Cada espacio tenía su enfoque. El río de papel siempre tiene su mística y esta vez fue un imán para las infancias, quienes se apropiaron con entusiasmo. Dibujaron aves, huemules, peces, árboles y paisajes que parecen sacados de un antiguo diario de ilustraciones, con más animales que personas, en un guiño certero a este antiguo hábitat de huemules mucho antes de recibir seres humanos en sus riberas. 

En el Mesón Textil, replicamos nuestra metodología de visualización de datos a partir de puntadas de colores y continuamos buscando respuestas sobre los vínculos de la comunidad local con el río. 

Fue en este espacio donde las personas decidieron quedarse por más tiempo. Algunas bordaban de pie, otras en asientos improvisados, incluso en el suelo con chaquetas como soporte. El tiempo parecía detenerse allí: entre hilos, agujas y palabras, surgieron conversaciones íntimas, pausadas, en las que el río también estuvo presente. Un público adorable. Esto es conmemorar el patrimonio -cultural y natural- con todas sus letras. 

La sala poco a poco se fue llenando de bastidores, muchos de ellos siguiendo la forma del río Simpson, y otros dejando que la imaginación fluyera sin límites, lejos de las instrucciones. Aparecieron montañas, ojos, peces, afluentes, tramas y colores que hablaban del río desde las sensaciones más personales. Cada puntada parecía decir: «el río también pasa por aquí, por mis manos, por lo que recuerdo y por lo que siento».

La tercera estación,  Espacio para los deseos del Río fue inspiradora; sale a la luz un profundo anhelo por acercarse más al Río. Anhelos de “que sea abierto”, “¡que hayan balnearios públicos, gratuitos y accesibles!”, “¡que sea accesible para todos!”, “tener más acceso a las playas del Río Simpson”. Seguiremos levantando deseos.

Esta experiencia fue mucho más que una actividad. Fue un gesto colectivo para visibilizar, revalorar y volver a mirar al Río Simpson. Recordándonos que este cauce —a veces manso, a veces furioso— ha estado siempre ahí, que no es solo un accidente geográfico, sino un cuerpo vivo que atraviesa nuestras historias, que nos une y nos sostiene.

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