Yo estaba aquí antes de que alguien me nombrara. 

Antes de ser llamado Huemules, en honor a los ciervos nativos que poblaban mis valles. Antes que me llamaran Simpson, por el almirante que recorrió mis aguas hacia 1870.

Mi vida se traduce en milenios. Mis rocas hablan de volcanes extintos y un océano donde habitaban amonites, plesiosaurus y otras criaturas asombrosas. Hace unos 15 mil años, durante el deshielo de la última gran glaciación, comencé a correr y a esculpir paisajes entre meandros. Y recién hace 12 mil años, comenzaron las primeras huellas humanas. 

Nací en las pampas argentinas y me uní al río cordillerano El Blanco para ser lo que soy: biodiversidad de ecosistemas y especies, que junto con el agua y sus sedimentos, vamos formando curvas y corrientes, al ritmo de los deshielos y crecidas. Soy el pulso que regula las colonias de aves, los bosques de coihues y ñires en mis orillas, y los bagres que llevan en su cuerpo la memoria de cuando mis aguas conectaban con el Atlántico. He cambiado de cauce más veces de las que la memoria humana puede registrar. Eso también soy: una fuerza que transforma y trasciende a la humanidad.

Suelo ser pensado en función de lo que entrego. Mi agua dulce, mi pesca, mi arena, mi paisaje. Pero existo más allá de esa utilidad. Soy un ser vivo, no un recurso.

Hay una pregunta que la política y el derecho empiezan apenas a formular, y que esta exposición hace visible: ¿qué significa reconocer a un río como sujeto? ¿Qué cambia cuando se deja de hablar de lo que el agua vale y se empieza a hablar de lo que el agua es?

Existen lugares en el mundo donde el agua escasea, donde los ríos agonizan, donde la gente hace duelo por lo que el río fue. Esta obra no nació de ese dolor, sino desde la gratitud. Aquí, en la Patagonia, mis riberas todavía respiran y quienes viven junto a mí pueden relacionarse conmigo desde el asombro y no desde la urgencia. 

Esta obra es un acto de reconocimiento a esa abundancia, y un homenaje a nuestro río.

Un equipo transdisciplinario de Pulso Austral y CIEP pasó un año recorriéndome. Se detuvieron en mi nacimiento, en El Blanco, en Valle Simpson, en Coyhaique y en el Correntoso. Escucharon lo que las comunidades saben de mí, lo que la ciencia ha medido en mí, lo que la historia recuerda de mí. Y luego tradujeron todo eso a una trama colectiva. Con lana de los campos de mis propios valles, tiñeron con los colores naturales de mis ecosistemas y tejieron con la lentitud que yo mismo impongo cuando me detengo en los remansos. Así nació esta obra: donde el arte textil, la ecología y el saber comunitario se entretejen para honrarme desde otra frontera.

UN RÍO, MUCHOS RÍOS

Río Huemules  Río Oscuro  Río Pedregoso  Río Blanco  Arroyo Cea  Río Pollux (lagos frío, castor, Pollux y Thomson)  Río Claro  Río Coyhaique  Estero Panguilemu  Estero Baguales  Estero del Túnel  Arroyo el Ñato  Arroyo Largo  Arroyo Corto  Río Correntoso  Cascada Velo de la Novia  Quebrada Honda  Quebrada las Pizarras  Arroyo la Cascada  Quebrada la Piedra  Cascada la Virgen  Estero Caracoles  Quebrada la Muralla  Río Mañihuales  Río Aysén  Río Blanco (el tributario más grande del Río Aysén)  Río Pangal  Río de Los Palos

MUCHOS RÍOS, UNA CUENCA

Nacimiento

El viento corre intensamente en las alturas del río Huemules, donde nace el Simpson en la frontera con Argentina. 

Un río luminoso y meándrico. Sus curvas serpenteantes van dejando canales “fantasmas”, que alguna vez se desconectaron del río principal. Es la memoria del paisaje. 

Este tramo fue tejido por la artesana Carolina Vargas con tres telares (de tecla, pedales y de peine) y cuyos patrones textiles imitan los suaves movimientos de sus aguas. Aquí el río corre silencioso en medio de la pampa y la arena.

El tejido deja ver el encuentro entre el río Oscuro con su transparencia y sus tonos verdosos con el río Huemules, el que fluye lechoso cargado de sedimentos.

Confluencia

Un poco más allá del puente de El Blanco, se une el río del mismo nombre con el Huemules.

Se unen también sus orígenes: la cordillera nevada y la pampa abierta y ventosa, y comienza a llamarse oficialmente Río Simpson.

Los palillos circulares fueron protagonistas en esta pieza tejida bajo el sol largo del verano patagónico por Macarena Silva.

Sus tres secciones representan el fondo gris y rocoso que se deja ver por la poca profundidad de sus aguas claras, la lámina de agua con puntos más calados según su caudal cambiante y la fuerza de la corriente, y las orillas que entre verdes y ocres nos hablan de bosques de ñire de hojas pequeñas que se tiñen de rojo en otoño y de coirones duros y dorados que ondulan en los valles ganaderos de la Patagonia.

El paso por la ciudad

Un río encajonado, cuyo fluir se escucha a lo lejos. Cuando el Simpson se asoma por el mirador de Coyhaique, nos recuerda cuánto añoramos poder tener accesos a sus playas y aguas. Ese deseo ciudadano plasmó la artesana Ginette Acuña en este paño tejido sobre una malla de alambre que permite alejar los bordes urbanos y las parcelaciones de las aguas que corren veloces entre destellos de hilos plateados. 

Tras recibir al río Claro, el Simpson avanza entre sauces, pinos y otras especies exóticas que se expresan en el tejido con puntos tupidos de técnicas contemporáneas como el tufting y el croché.

Siempreverde

Un tramo caudaloso y lluvioso, donde confluyen arroyos, ríos y cascadas que provienen de las laderas pobladas de coigües, chilcos, ciruelillos y tepas, además de otras especies. 

A la fuerza del río Simpson, llega su afluente el río Correntoso, en un tramo tejido por Ginette Acuña y Mirta Carrasco, a cuatro manos.

El fieltro amasado, con sus verdes intensos y texturados nos traslada a este paisaje húmedo y sonoro, que solemos recorrer en la Reserva Nacional Río Simpson.

Habitantes invisibles

Los macroinvertebrados bentónicos habitan el fondo de los ríos: insectos, crustáceos y moluscos que filtran agua, ciclan nutrientes y actúan como indicadores de calidad del hábitat. Su presencia y abundancia varía en cada tramo del Simpson. Una película de fieltro amasado, teñida con cochinilla se superpone a cada pieza registrando su presencia. Su color se separa deliberadamente de la paleta de la obra.