Reencuentro con Flores del Chilco: la sesión de diagnóstico

Durante el verano del 2026 volvimos a Villa Amengual para reencontrarnos con la Agrupación de Artesanas Flores del Chilco, una agrupación con la que ya habíamos trabajado en dos versiones anteriores de los Laboratorios Creativos de Oficios Textiles, el programa que desde 2019 despliega Pulso Austral para fortalecer a agrupaciones de artesanas en la Región de Aysén. A esa fecha ya habíamos acompañado a más de 15 agrupaciones en ocho comunas, y esta vez tocaba volver a trabajar a un territorio y a un grupo de mujeres que conocemos y queremos mucho.

Presentamos esta tercera versión del programa: sus etapas, sus objetivos y la idea de profundizar en el camino que ya habíamos recorrido juntas. Conversamos sobre el foco que tendría esta versión, puesto en el tejido del choapino, esa técnica textil tradicional de la localidad que rescata el ingenio del uso de materiales reciclados para crear estas piezas que se usan como bajadas de cama o para “acolchar” alguna banca. 

Pero antes de proyectar hacia dónde íbamos, necesitábamos entender bien desde dónde partíamos. Así que propusimos un ejercicio de diagnóstico: construir juntas una línea de tiempo de la agrupación. El ejercicio fue más bien una excusa para que ellas mismas se volvieran a contar su propia historia, desde el Centro de Madres Santa Lucía en 1984 hasta su formalización legal como Flores del Chilco en 2024, pasando por su disolución, su renacer, y los talleres, ferias y encuentros que fueron tejiendo su presencia en la región.

Y mientras ese ejercicio avanzaba, lo que más nos quedó de esa tarde fueron las voces. Al preguntarles qué reflexión les dejaba ver su propia historia trazada en una línea, empezaron a surgir relatos muy personales: cómo cada una había llegado al oficio, muchas veces por necesidad, otras por curiosidad o por herencia familiar; cómo el grupo las había sacado de la soledad y de la rutina, sobre todo después de la pandemia; cómo el color, para algunas, era una forma concreta de salir de la tristeza y del gris del entorno.

«El juntarnos te ayuda a enriquecerte: cuando ya conoces a otras personas, conoces otras historias, te vas formando otra idea. Y todos llegamos a lo mismo: que nos gusta el hilado, que nos gusta vivir con muchos colores. Porque los colores nos sacan de la depresión muchas veces. Yo no tengo hoy día la posibilidad de ir a un teatro, tampoco de ir a ver a un artista (en esta villa). Pero sí tengo la gran suerte de haber aprendido a teñir con tintes naturales. Veo la vida con colores.» (Veronica Ainol, Artesana Agrupación Flores del Chilco) 

Hacia el final, cuando les preguntamos cómo se proyectaban, aparecieron ideas muy concretas: el deseo de que nuevas integrantes se sumen y aprendan el oficio, la necesidad de contar con más apoyo municipal frente a la preocupación por el relevo generacional, y la idea de trabajar en la identidad y el etiquetado de sus propias prendas, para que cada pieza vendida llevara el sello de las Flores del Chilco.

Pero fue Tamara quien, sin saberlo, nombró el hilo que terminaría uniendo todo lo que vendría después. Al preguntarle en qué proyectaría su trabajo, contestó: «En diseño. Con el diseño de las flores que vamos a hacer, yo quedo satisfecha. Tener el patrón. Porque si yo voy a hacer en arpillera, voy a tener el patrón de la flora de aquí. Porque aquí nadie te está haciendo flora de la región.«

Fue justamente ese último hilo el que nos dejó una pista clara para el camino que seguiríamos construyendo juntas: esta nueva colección que vendría tendría que ser, necesariamente, un diálogo entre artesanía y el bosque templado de Villa Amengual.

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