Tejiendo el río: así avanza la obra colectiva que traduce el Simpson en fibra y color
Hace más de un año desde Pulso Austral, y en colaboración con el Centro de Investigación en Ecosistemas de la Patagonia (CIEP), nos embarcamos en un proceso de investigación interdisciplinaria, vinculación comunitaria y creación colectiva en torno al Río Simpson.
Mientras el equipo de investigación del proyecto sistematiza los resultados de los cinco laboratorios creativos que reunieron a más de x personas y los convierte en un montaje artístico que se inaugurará en mayo de este año en el Museo Regional de Aysén, un equipo textil se encuentra transformando datos científicos y paisajes acuáticos en una pieza textil de gran formato que será parte de esta inédita exposición tributo al río que cruza la ciudad de Coyhaique.
Las artistas invitadas —Francisca Vidal, Ginette Romero, Carolina Vargas y Macarena Silva— se reúnen periódicamente, para dar forma a algo único: una obra textil que no solo representa el río Simpson, sino que lo interpreta, lo siente, lo traduce en puntos, texturas y colores.
El proceso creativo del proyecto Río Simpson Tejido ha sido tan importante como su resultado final. Cada reunión, cada muestra, cada decisión sobre paletas de colores o técnicas textiles es parte de un viaje colectivo que fusiona arte, ciencia y saberes ancestrales.
Cuatro creadoras, cuatro miradas
Todo comenzó con una pregunta fundamental: ¿cómo llegó cada una al encuentro con los oficios textiles? En la primera reunión virtual, cada tejedora compartió su historia a través de imágenes de su trabajo, revelando no solo técnicas, sino filosofías de vida.
Ginette, autodescrita como «busquilla» y amante de lo nuevo, trabaja desde la tranquilidad de su hogar con jacquard, palillo y telar de pedales. Sus inspiraciones nacen de caminar por el bosque y observar las estaciones, especialmente el otoño y su paleta de colores. Carolina, profesora de historia que se especializó en oficios textiles en Noruega, regresó a Coyhaique con la misión de compartir conocimiento: «Lo que más me llena es entregar lo que una aprendió», dice mientras enseña en talleres rurales, en la cárcel de mujeres y con la AG de Artesanos de Aysén. Macarena, tejedora perfeccionista, ama escribir patrones que otros puedan entender, adaptando matemáticamente todo lo que cruza por su camino, cual programadora computacional con agujas de tejer.
Del sonido del agua al tejido
El primer ejercicio creativo fue revelador: escuchar tres tipologías de sonidos del río —corriente fuerte, corriente calma, gotas de agua— y traducir esas vibraciones en dibujos espontáneos. Luego vino la tarea: visitar el río Simpson, sentirlo, y crear una pieza textil que capturara esa experiencia sensorial.
Así comenzó un proceso de exploración que llevó a cada tejedora a conectar profundamente con distintos tramos del río. Carolina tuvo la misión de interpretar el Río Huemules, Macarena la intersección del Huemules con el Río Blanco, y Ginette el paso por la ciudad de Coyhaique. Una cuarta sección, el bosque siempre verde, sería trabajada colaborativamente.
Muestras, maquetas y decisiones colectivas
En la primavera pasada, las muestras textiles comenzaron a aparecer. Carolina trabajó a telar la composición de las ondas del agua, alterando paletas de colores para crear movimiento continuo. Macarena combinó tejido a palillo y bordado a mano para representar el encuentro de dos ríos: puntos porosos que permiten luz y movimiento contrastando con áreas densas y verticales. Ginette exploró el tufting, una técnica que le permite trabajar texturas con precisión, variando espesores, densidades y relieves.
La elección de la paleta de colores fue un momento clave. Más de 70 tonalidades de lanas teñidas naturalmente por artesanas tradicionales de la Agrupación Flores del Chilco de Villa Amengual estuvieron disponibles para que el equipo debatiera y escogiera. Azules, grises, verdes, beiges y tonos dorados emergieron como los protagonistas, reflejando las aguas del Simpson en distintas luces y momentos.
Cuatro secciones, una obra viva
Sección 1 – Río Huemules (Carolina Vargas): Varias capas de textiles que se unen sólo en algunos puntos, permitiendo que el vacío del entorno se sume sutilmente a la pieza. Ondas tejidas a telar que emulan el movimiento del agua, con bordes felpudos cuya textura evoca las riberas del río.
Sección 2 – Intersección Huemules y Río Blanco (Macarena Silva): Un tejido que captura el encuentro de dos corrientes. Puntos abiertos que permiten avistar lo que hay debajo —la profundidad de la cuenca— y haces de luz blanca destellante tejidos que rompen con las tonalidades más armónicas, representando el brillo intenso del agua.
Sección 3 – Ciudad de Coyhaique (Ginette Romero): Bordado texturizado sobre malla de alambre que permite deformar la pieza y darle tridimensionalidad. La cuenca del río en tonos cafés contrasta con un lado geométrico que emula la urbanidad y otro más orgánico que representa la naturaleza que acompaña al Simpson en su paso por la ciudad.
Sección 4 – Bosque Siempre Verde (Ginette Romero y Mirta Carrasco): Una colaboración de dos capas. Mirta trabaja la base con fieltro húmedo teñido con nalca, creando un paño rígido pero curvable que representa los verdes y grises del bosque. Ginette superpone una capa con grandes orificios que emulan los arroyos que desembocan al río desde los cerros.
La capa invisible: los macroinvertebrados
Uno de los aspectos más innovadores del proyecto es cómo visualizar la presencia de macroinvertebrados en cada tramo del río. Ginette Acuña y Mirta Carrasco han desarrollado una lámina translúcida de fieltro húmedo teñida con cochinilla que se adosará a la superficie de cada sección, exponiendo la cantidad de estos pequeños habitantes invisibles del Simpson. Esta capa, de aproximadamente 120 x 120 cm, será dividida según las necesidades de cada tramo.
Un proceso que se comparte
La obra textil completa y su proceso creativo se exhibirán en mayo de 2026 durante el mes de los Patrimonios en dos salas de Cocina de Peones en el Museo Regional de Aysén, en Coyhaique. Será el resultado de meses de investigación, experimentación, diálogo y trabajo manual. Pero más que una pieza de arte, será un testimonio de cómo el río Simpson se teje en las vidas de quienes lo habitan, lo estudian, lo crean y lo cuidan.