Nuestro mapa, al estilo de José Antolín Silva Ormeño
Después de varias semanas sin vernos, vacaciones de invierno de por medio, nos emocionaba muchísimo volver a encontrarnos con el grupo. Al llegar, nos congregamos en el soleado comedor de la Escuela para compartir nuestra última sesión antes del gran estreno del tapiz.
El objetivo de este encuentro no era menor: debíamos terminar nuestra jornada con un mapa co-creado, que integrase todos los bordados que las y los participantes fueron elaborando al pasar de los meses. Así que, para conectar una vez más con nuestro ser creativo, comenzamos por movernos. Desde los pies a la cabeza, activamos cada parte del cuerpo con movimientos dinámicos para despertar y volcarnos a la tarea.
También trajimos al presente la memoria: ¿qué hemos hecho hasta hoy?, ¿qué temas hemos conversado?, ¿quiénes nos han visitado?, ¿en qué lugares, especies u objetos nos hemos inspirado? Entre todas y todos pudimos recapitular sesiones que nos parecían ya muy lejanas.
Y luego, volvimos al pasado. Gracias al material que nos enviaron desde el Museo Regional de Aysén pudimos leer en conjunto un registro emocionante: la carta que José Antolín Silva Ormeño envió en 1913 al presidente de la época, Juan Luis Sanfuentes, solicitando que se fundara el pueblo de Balmaceda. ¡Una carta que viajó desde la pampa austral a la capital y que se perdió durante más de un año en el trayecto! Es impensable la valentía y perseverancia necesarias para fundar un pueblo en un lugar como este. Y sin embargo, Silva Ormeño lo logró: en 1917 fundó el pueblo de Balmaceda -nombrando la localidad en homenaje al ex presidente- y en 1919 lograron que un Decreto Supremo consagrara su creación. Fue un pedacito de la historia de una de las localidades más antiguas de nuestra región.
Tras este viaje en el tiempo, llegó el momento de compartir una sorpresa con el grupo: el hermoso fondo del tapiz, una tela teñida a mano y que representaba el mapa circular que Silva Ormeño en algún momento proyectó para el poblado. Uno a uno, los bordados fueron ubicados por todas y todos. ¿Dónde deberían ir los flamencos, las boleadoras, el Museo, la Escuela? En conjunto, tomamos decisiones y armamos nuestro Balmaceda textil.
Cuando cada trabajo tenía su lugar, estábamos listos para que las artesanas dieran las puntadas finales antes del gran estreno.
La despedida tuvo un poquito de nostalgia. Ya nos aproximamos al cierre del proceso y nuestros martes de bordado han llegado a su fin. ¡Pero nos vamos con la alegría de que pronto podremos compartir nuestra obra con toda la comunidad!