Jornada de costura y preparación del fondo

Ser parte del proceso creativo del tapiz colectivo de la escuela de Balmaceda, me brindó la enriquecedora oportunidad de conocer elementos fundamentales del Imaginario de mi territorio, comprender sutilmente las percepciones e interpretaciones de la comunidad y su entorno, como el paisaje se refleja en el actuar de este colectivo, quienes con timidez y con ánimo ligero, describieron su territorio en una palabra, que luego con puntada firme y decidida bordaron. 

Cada sesión nos hacía más cercanos, mientras bordaban, los niños nos compartían sus historias y también nos hablaban de recuerdos y del paisaje , de la flora y fauna, inspirando las ideas fuerza para comenzar a imaginar la base de este tapiz. Recuerdos y paisaje, un antiguo plano que nos presentaron los amigos del museo y un abundante arbusto que habita la estepa patagónica, el calafate, comenzaron a nutrir la idea de como trabajar el fondo del tapiz, al observar los colores tan característicos de la pampa y a fin de  traer ese imaginario al tapiz, surge la idea de utilizar técnicas de tintura con pigmentos naturales.

La idea de usar pigmentos naturales nos llevó a indagar en esta antigua forma de dar colores al textil y lanas utilizadas para confección de prendas, que a través de sus colores representaban los territorios habitados por las distintas comunidades. En la localidad de Balmaceda el paisaje se tiñe entre cálidos amarillos, verdes y grises cafés, colores propios de la pampa. 

Para acercarnos a este paisaje a través de la tinción, realizamos pruebas con pigmento de la raíz del calafate, tallos de misodemdrum y un pigmento muy utilizado por tintoreras dado su confiabilidad y característico tinte ocre, la cáscara de cebolla.

Recuerdo y paisaje, destacan entre las temáticas que afloraron durante las jornadas compartidas, por lo que nos motivó destacar la historia de como se estableció y reconoció la localidad de Balmaceda, la más antigua de nuestra región. En una interesante y poco conocida historia sobre la fundación de Balmaceda, existe un antiguo plano propuesto para desarrollar esta localidad, con una llamativa forma circular. 

Conectar con esta historia inspira a fortalecer la conexión y pertenencia con el territorio, creer en la posibilidad de lograr propósitos, tal como logró José Antolín Silva Ormeño fundar Balmaceda.

Por ello, se trabajó el fondo del tapiz con técnica Shibori para dibujar las principales avenidas de este misterioso plano de Balmaceda.

En cuanto se me encomendó la misión, comencé a investigar sobre tintes y los procesos para lograrlo, me acompañé de los prácticos consejos de una artesana con experiencia en hilado y teñido en lanas, Viviana Lagos, fundadora de “El lento Hacer”. Realizamos diversas pruebas, considerando distintas proporciones de pigmentos, tiempos y mordentados de textil, a fin de seleccionar la técnica que mejor se ajustase a lo que buscábamos plasmar en el fondo del tapiz, un espacio donde los participante fundaran su obra. 

Este proceso fue maravilloso y los resultados muy satisfactorios, elegimos el tinte de cáscara de cebolla (al 300%) para el fondo y el de raíz de calafate (al 50%) para los bordes. Para dibujar el fondo utilizamos la técnica Shibori Mokume, que consiste en coser pliegues siguiendo un diseño, de esta forma el pigmento no se fija donde la tela está costurada. Y finalmente, el punto elegido para luego integrar las creaciones de niños y niñas a la tela fue uno con trazos entrelazados, inspirado en la geometría del neneo, un endémico arbusto protagonista de los paisajes patagónicos. Así la pampa nos permeaba con sus colores, texturas y formas.

Diario