El corazón de Balmaceda

En marzo volvimos a encontrarnos con la comunidad educativa de la Escuela Antolín Silva Ormeño, después de los meses de verano en que nos dedicamos a sistematizar el diagnóstico y a preparar con cuidado la metodología de esta nueva etapa.

Al llegar, quisimos sorprender a las y los participantes. En el patio colgamos los diagnósticos bordados que nacieron de aquel encuentro. Allí, las palabras que representan a Balmaceda: Viento, Frontera, Hogar, Amistad, ondeaban en el aire como banderas y preparaban el ambiente para lo que se venía. 

Aprovechamos el día de calor y nos reunimos en el patio. Partimos en un círculo en donde tirándonos una pelota fuimos preguntando: “Si Balmaceda fuera un cuerpo vivo” 

¿Cuál sería el Corazón de Balmaceda?
Cuáles serían los pulmones de Balmaceda
Cuáles serían los ojos de Balmaceda
Cuáles serían los oídos de Balmaceda
Cuáles serían los pies de Balmaceda
¿Cuál sería su estómago?

De esas respuestas surgieron imágenes y sentimientos compartidos. Luego, divididos en mesas de trabajo, un grupo dejó sus ideas en un gran papelógrafo, mientras otro las transformaba en formas y colores sobre el textil.

Así aparecieron lugares y recuerdos que dan vida a la localidad: el gimnasio y el aeropuerto, la biblioteca y el museo, las montañas cercanas, el río Oscuro, las mascotas, la nieve. Así Balmaceda fue narrándose a través de la memoria y la imaginación de los niños/as que lo habitan. 

El día fue inusualmente caluroso, algo inusual en estas tierras de pampa y viento. Además de apoderadas, docentes y niños de la escuela,  nos acompañaron también artesanas de la localidad El Blanco. Ellas compartieron historias de su vínculo con Balmaceda, subrayando la relevancia de la escuela donde nos encontrábamos, considerada una de las más antiguas de la región, y que hoy se convierte en la sede de este proceso colectivo de creación y reflexión.

En este primer encuentro no teníamos claridad absoluta sobre hacia dónde nos dirigíamos. Hubo un momento en que el caos se apoderó del grupo, acompañado de la ansiedad inevitable que surge al intentar crear colectivamente. No es fácil imaginar una obra textil construida por tantas manos y voces, de distintas edades y experiencias. Sin embargo, este desorden creativo no nos era desconocido: ya lo habíamos vivido en otras versiones del programa. Por eso, como facilitadoras, elegimos sostener la calma y la confianza, sabiendo que en medio de la incertidumbre le damos espacio a lo inesperado y que desde ese lugar se van tejiendo cosas hermosas.

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