Comienza el tapiz, bordando conversaciones

Una mezcla de alegría, curiosidad y nervios era lo que sentíamos mientras dejábamos atrás colinas verdes para internarnos en el vasto paisaje de la pampa. Son las sensaciones que nos inspira el primer encuentro con una nueva comunidad. Balmaceda está apenas a unos pocos kilómetros de la frontera y es la puerta de entrada a la región para mucha gente que llega en avión desde el norte. Está a una hora de Coyhaique y es una localidad pequeña y antigua donde reina el viento, el sol y el frío. 

Llegamos a la Escuela José Antolín Silva Ormeño una mañana soleada y con muchas preguntas que explorar. Todas y todos nos reunimos en el luminoso comedor. ¡Éramos casi 50 personas entre estudiantes, docentes, apoderadas y artesanas! Tantas manos dispuestas a conversar y experimentar con el textil. 

Tras presentarnos y explicar brevemente nuestro programa de arte textil comunitario, nos organizamos en grupos heterogéneos, acompañados cada uno por una maestra artesana, para levantar nuestro diagnóstico. En cada mesa, se desplegaba un papelógrafo con una cuadrícula que contenía las siguientes preguntas: ¿qué valoro de los/as adultos/as? ¿qué valoro de los/as niños/as? ¿qué creo que necesitan los/as adultos/as? ¿que creo que necesitan los/as niños/as? 

Todas y todos comenzaron a reflexionar e iban dejando registro de sus ideas con frases y dibujos. Luego de un rato, compartimos las respuestas. Una pareja de cada grupo pasó adelante y comentaron sus hallazgos. Nos dimos cuenta rápidamente, que muchas cosas se repetían entre los grupos. Las y los niños valoran especialmente, el sentido de responsabilidad, apoyo y cariño que reciben de los más grandes. Por su parte, los adultos comentaron que valoran y se asombran de la espontaneidad, la capacidad de aprender y la curiosidad de los niños y niñas. 

Respecto a las necesidades, desde la mirada de los niños, los adultos necesitan más espacios de distensión y diversión, más tiempo para conversar y estar con otros. Los adultos sentían que los niños y niñas necesitan cariño, atención y espacios de diversión. Al parecer, grandes y chicos no somos tan distintos: todas y todos queremos tener instancias de encuentro para compartir, pasarlo bien, sentirnos acompañados y valorados por otros miembros de nuestra comunidad para estar mejor. 

Luego, pasamos al momento más esperado. Sacamos los bastidores, agujas e hilo y nos dispusimos a desarrollar nuestros diálogos bordados. Este desafío textil tenía dos partes: la primera, buscaba explorar las expectativas del grupo respecto del textil comunitario; la segunda, quería levantar elementos identitarios que pudieran plasmarse en el futuro tapiz.

Utilizando respuestas preestablecidas y una clave de color, las y los participantes respondieron: ¿Qué es lo que más te gustaría lograr de estos encuentros? Como era de esperar, la gran mayoría de los presentes quería que fueran espacios para compartir, crear y relajarse. 

La segunda parte era más libre. Cada uno debía elegir la palabra o concepto que mejor describiera Balmaceda. Para quienes hemos visitado esta localidad antes, la respuesta más repetida no parecerá sorprendente: ¡la palabra VIENTO apareció en 10 bastidores! Otras palabras como “Paz” y “Hogar” también fueron bordadas esa mañana. También aparecieron conceptos como “Esfuerzo” y “Resistencia”, reconociendo la fortaleza de esta comunidad fronteriza. 

Nos fuimos contentas a Coyhaique, emocionadas de ver cómo los más grandes ayudaban a los más pequeños a plasmar sus ideas en la tela, cómo cada grupo se reía mientras conversaban de su querido Balmaceda, cómo se escuchaban con atención. Pasaría todo el verano antes de volver a encontrarnos, pero sin duda que este fue un hermoso punto de partida.

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