¡A terminar trabajos inconclusos!

Después de casi un mes sin vernos, volvimos a encontrarnos en la escuela. La sensación es agradable y familiar, ya nos conocemos, y con cada sesión el vínculo y la confianza de los niños y niñas con el taller se hace más profundo.

Comenzamos la jornada con un baile circular, una forma de poner el cuerpo en movimiento y recordar la importancia de la coordinación grupal. No era solo un juego: era la preparación para el desafío de la creación colectiva.

El ejercicio del día fue desprenderse: dejar de lado el propio trabajo para ayudar a terminar lo que otros habían dejado inconcluso. Esta misión, tan simple y tan compleja a la vez, generó distintas reacciones: algunos niños se resistían a soltar su obra, mientras que otros disfrutaban completando las terminaciones. Entre todos, comprendimos que un tapiz colectivo solo puede nacer de la colaboración.

La jornada también se llenó de color con los trabajos enviados por las artesanas de Balmaceda durante el tiempo en que no nos vimos. Sus bordados mostraban escenas y símbolos locales: flamencos, jineteadas, mates. Cada pieza llegó para sumarse al relato en construcción.

Cuando ya no quedaban obras pendientes, desplegamos una gran tela y sobre ella dispusimos los trabajos terminados. Así comenzamos a visualizar nuestro gran tapiz:

¿Qué elementos ya están presentes? El corazón de Balmaceda, el patrimonio, la naturaleza.

¿Qué elementos faltan? Los niños, entusiastas, levantaban la mano: cóndores, vacas, y muchos otros seres y elementos que consideraban imprescindibles.

La conversación nos llevó también a pensar en el fondo que sostendrá la obra. Primero surgió la idea de un paisaje abierto, capaz de acoger todos los bordados, y que debería representar la pampa y el viento que marcan la vida de Balmaceda.

Finalmente, surgió una idea inspiradora: rescatar el antiguo plano dibujado por Jose Antolin Silva Ormeño cuando decidió fundar Balmaceda y, desde allí, expandir nuestro tapiz hacia la pampa, los neneos, las lagunas y también el aeropuerto . Un gesto simbólico de memoria y proyección al futuro que soñamos en Balmaceda.

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