Conoce la colección Botánica Textil
«Nosotras caminamos y exploramos el bosque antes de tejerlo.
Sabemos en qué estación la savia del árbol está arriba o abajo, porque eso cambia todo en materia de tintes naturales: el color, la intensidad, la vida que tendrá el hilo. Este conocimiento vive en nosotras, en lo que nos enseñaron las antiguas tejenderas.
Antes que llegaran las anilinas sintéticas a nuestras vidas, solo estaban las plantas. La raíz del michay. La flor del chilco. La corteza de la palmilla. Distintas especies que se recolectan para teñir fibras como la lana de oveja y lograr las más diversas tonalidades. Esa relación entre las plantas y la artesanía textil es ancestral, es una forma de entender que el bosque no es solo paisaje: es también pigmento, medicina y alimento.
Somos artesanas de la Agrupación Flores del Chilco de Villa Amengual. Vivimos rodeadas del bosque templado que inspira esta exposición. En cada estación del año, lo observamos, recolectamos y cuidamos. Y también lo tejemos.
Esta colección de choapinos nació de un proceso de experimentación y creación colectiva, que nos invitó a mirar con otros ojos lo que ya conocíamos. A nombrar científicamente las plantas que siempre supimos usar. A reconocer las especies que se conservan en el herbario del Museo Regional de Aysén. A preguntarnos qué nos dice cada flor o qué forma podría tomar en una trama. Ocho artesanas, ocho especies distintas. Cada choapino es una pieza única, tejida nudo a nudo sobre arpillera, al ritmo de la vida rural en la Patagonia.
El choapino está en la memoria histórica de Villa Amengual y Cisne Medio. Algunas de nuestras mamás, abuelas, tías y vecinas los tejían. Usaban hilos de chombas que desarmaban y reciclaban sacos de víveres traídos de Argentina en largos viajes con pilcheros, hace solo algunas décadas.
Botánica Textil honra esta tradición amengualina y la lleva a otro lugar: el uso de la lana natural, el color botánico, el diseño contemporáneo, el diálogo entre el saber artesanal y el saber científico”.
Texto curatorial «Lo que florece en la trama»
Los Choapinos
Las Especies
Chilco (Fuchsia magellanica)
Crece en quebradas húmedas y cerca de cursos de agua, desde la región de Valparaíso hasta la de Magallanes y Antártica Chilena. Sus flores son polinizadas por el picaflor chico, el abejorro colorado, mariposas y moscas nativas. Se propaga mediante semillas o esquejes.
Planta de múltiples usos. Como infusión, tiene propiedades medicinales: baja la fiebre, actúa como antiinflamatorio y, tomada con miel, alivia los dolores menstruales. Además, sus flores y ramas se utilizan para teñir lana. Las tonalidades que se consiguen varían entre rosa, verde y café, dependiendo de qué parte de la planta se utilice, la estación del año y el mordiente.
Por su abundancia y la belleza de su flor colorida, las artesanas de Villa Amengual la eligieron para nombrar su agrupación: Flores del Chilco. Es una planta que recuerda sus infancias. «Cuando niña, viviendo en el campo, yo comía muchos chanchitos del chilco», cuenta la tejedora Ana Figueroa, creadora del choapino inspirado en esta flor.
Nalca (Gunnera tinctoria)
Se encuentra entre las regiones de Valparaíso y de Magallanes y la Antártica Chilena, en zonas húmedas y sombrías, junto a cursos de agua.
Sus flores rojizas se agrupan en inflorescencias llamadas caballitos. Las flores masculinas se ubican en la parte superior y las femeninas o hermafroditas en la base. Los pequeños frutos luego son de color rojo anaranjado.
Es conocida principalmente por ser alimenticia. Se puede comer como ensalada, “saludable, ácida y jugosa”. También se usa para hacer chicha y conservas: “Yo me acuerdo que mi mamá hacía mermelada con la nalca y quedaba como miel”, cuenta la tejedora Ermelinda Lagos, creadora del choapino inspirado en la nalca.
También tiene propiedades medicinales: su raíz actúa como cicatrizante y es útil para afecciones del pulmón, los riñones y las úlceras gástricas. «Nos daban nalca cocida para el resfrío y para el pulmón», recuerdan varias artesanas.
Al ser usada con adherentes como barro puede generar tonalidades oscuras en la lana: negros, grises y verdes.
Notro o ciruelillo (Embothrium coccineum)
Crece desde la costa hasta la cordillera, entre las regiones del Maule y de Magallanes y Antártica Chilena. De conspicuas flores de color rojo escarlata, «cuando está florecido es muy hermoso», comentan las artesanas amengualinas.
Sus usos son múltiples. La madera se emplea en carpintería y construcción de muebles finos. Las semillas se pueden lijar para hacer botones de chaleco, muy firmes.
Su corteza y hojas se emplean para aliviar el dolor de muelas; las hojas también se usan externamente para acelerar la cicatrización de heridas.
Además, se usa para teñir diversas fibras. «Al lado de mi casa tengo un árbol grandote de ciruelillo, ha estado allí desde que llegué a vivir al sector en los años 80′. Lo uso para teñir lana, tanto su corteza como sus hojas. Me da un color rosado paliducho», dice la tejedora Julia Vargas, creadora del choapino inspirado en este árbol. «Yo soy resistente y fuerte como el ciruelillo, a la edad que tengo hago todas mis cosas en el campo«, concluye Julia.
Taique (Desfontainia fulgens)
Arbusto siempreverde que crece entre las regiones del Maule y de Magallanes y Antártica chilena, desde el nivel del mar hasta los 1.200 m. «Desde que tengo conocimiento esa planta existe en Villa Amengual. Es típica del sector, generalmente crece a orillas de los ríos, donde la tierra es más arenosa», dice Yolanda Cortez, tejedora del choapino inspirado en el colorido taique.
Sus hojas son gruesas y espinosas; sus flores tubulares, rojas con puntas amarillas, son polinizadas por el picaflor chico. Por la vistosidad de sus flores tiene valor ornamental. Sus nombres mapuches revelan sus rasgos: taique (hojas brillantes), trau-trau (flores bien unidas) y chapico (agua de ají, por lo amargo de su savia).
Es venenosa y ha sido registrada con efectos psicoactivos. «Los animales no la suelen comer, no tenemos mucho vínculo con ella», agrega Yolanda. Con el taique ha experimentado textilmente. «Yo probé hacer tintes en frío con esta planta, teñí telas donde quedaba impregnada la forma de la flor y se logra un tono anaranjado”.
Hierba de San Juan o hipérico (Hypericum perforatum)
Especie introducida, ampliamente conocida por sus propiedades medicinales: sus hojas y flores contienen compuestos activos con efectos atribuidos sobre los neurotransmisores y las células nerviosas.
El nombre del género deriva del griego hyperikon («sobre las imágenes»), en alusión a la propiedad que se le atribuía de ahuyentar los malos espíritus. Solían colgarse sus flores sobre imágenes religiosas el día de San Juan.
«Cuando nos pidieron bordar una flor de Villa Amengual, yo la elegí, ya estaba terminando el verano y yo pensaba: ‘¿qué flor podría ser?’ voy a salir a ver qué hay por el alrededor con poca fe porque ya no quedaba verano y no había flores, entonces la encontré a orillas de la carretera. Luego, la pasé al tejido con nudos», cuenta la artesana María Barrientos.
El amarillo de la flor se obtuvo tiñendo con corteza de calafate. «Esta flor le da alegría a la vida, le da colores y yo me siento así», comenta María, creadora del choapino inspirado en la Hierba de San Juan.
Palmilla o huinque (Lomatia ferruginea)
Es especialmente abundante entre Valdivia y Chiloé, aunque se distribuye desde la región del Maule hasta la región de Magallanes y Antártica Chilena. El nombre ferruginea refiere al color óxido de sus brotes nuevos.
Tiene muchos usos. “Su madera es muy buena para hacer los mangos de hacha y de gualato, es dura y muy hermosa, es media cafecita rojiza y vetadita”, cuentan las artesanas. La infusión de hojas y corteza alivia inflamaciones de garganta, cólicos y heridas; posee además, propiedades diuréticas y purgantes.
Para teñir, se aprovecha la planta entera: corteza, hojas, frutos y flor. «Es una fuente de colores». Según el lugar, la época y el mordiente, entrega tonos que van del amarillo y café claro al verde y café oscuro. «Sacamos hartos tonos de la palmilla, está en nuestro bosque y hay harto», relata la tejedora Gladys Ainol.
“La palmilla sirve para todo y yo también tengo muchos talentos, hilo, tiño, tejo, costuro, dibujo, siembro, cocino y hago ponchos”, comenta Gladys, creadora del choapino inspirado en el huinque o también llamado fuinque.
Hierba del lagarto o calahuala (Synammia feuillei)
Helecho que crece sobre troncos y ramas, desde la región de Coquimbo hasta la de Magallanes y la Antártica Chilena, entre el nivel del mar y los 1.250 m. Se identifica por su rizoma carnoso y con escamas, que recuerda la figura de un lagarto, y que además, tiene propiedades medicinales. Sus soros son ovalados y de color amarillo-naranja. «Para mí eran como huevitos o bichitos, no sabía qué contenían las esporas», describe Verónica Ainol.
«Lo había visto varias veces en el bosque alrededor de Villa Amengual, pero nunca imaginé que era un helecho; para mí era un arbolito que salía en las tepas y en los coihues», agrega.
«Es una planta muy linda para el jardín y también importante en el bosque: donde hay humedad, líquenes y hongos, siempre hay helechos. Absorben y mantienen el agua para las otras plantas. Muchas veces pasa desapercibida, pero así me siento yo: importante para mi comunidad y mi hogar, como el helecho para el ecosistema», cuenta Verónica, creadora del choapino inspirado en esta especie.
Espino negro o arrayán macho (Rhaphithamnus spinosus)
Se distribuye entre Limarí y Aisén, principalmente en la precordillera andina y costera, aunque también crece en matorrales que circundan lagos y lagunas y en los bordes de bosque. Tolera suelos secos y poco fértiles.
Sus usos son múltiples: leña, utensilios domésticos y, según la tradición, usos mágicos: guardar una ramita en el bolsillo protege durante el camino. Para teñir se usan las hojas, que entregan un tono amarillo-verdoso, y también la corteza y los frutos. «Da un color casi plomo», cuentan las amengualinas.
El nombre Rhaphithamnus deriva del griego rhaphis (aguja) y thamnos (arbusto): arbusto de agujas, en alusión a sus espinas. «Tengo un espino negro gigante al lado de mi casa. Está al lado de mi gallinero, sirve como protector para los bichos que quieren cazar las gallinas», relata Tamara Aravena.
«El arrayán macho tiene espinas y se protege, en eso se parece a mí», concluye Tamara, creadora del choapino inspirado en este árbol y sus frutos morados.